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Perspectivas sobre el mundo del trabajo
© ILO/OIT Laly Margarita Malagón
Economía del cuidado

Hoy día, nuestra comunidad aprecia el valor del trabajo de cuidados

Me llamo Yoraima Cristina Navarro Izquierdo. Soy una líder y miembro de la comunidad Arhuaco, además soy madre de cuatro niños. En calidad de pueblo indígena, la esencia de nuestra comunidad es cuidar de todos los seres vivientes de nuestro territorio. Pero nos ha tomado tiempo reconocer el valor de ese trabajo de cuidados y de las mujeres que lo llevan a cabo.

Nací en la ladera norte de la Sierra Nevada de Santa Marta, en Colombia. Desde muy joven, ya era una líder. Fue así durante los años del liceo y de la universidad. Siempre tuve un espíritu revolucionario. No en el sentido de crear problemas, sino de querer hacer más y ayudar a las personas.

El liderazgo es algo que observé en mi madre y en mis abuelos. Ellos siempre estaban al servicio de su comunidad. Mi madre dedicaba todo su tiempo al cuidado de su gente. Durante mi niñez, mi casa nunca estaba vacía. Siempre había un plato de comida y cobijo para quienes no tenían un lugar donde dormir. Cuando mi madre murió, sentí que mi vida se había divido en dos. Pero decidí que la mejor manera de honrarla era seguir sus pasos: ayudar a las personas que lo necesitan.

En aquel entonces, podía ver las muchas necesidades que tenían las mujeres en nuestro territorio. En 2020, decidí crear Josa Constructoras de Paz, una organización dedicada a revalorizar el trabajo de nuestras mujeres tejedoras. Fue un acto de resistencia en honor a todas esas madres que han mantenido el territorio y a sus hogares tejiendo mochilas.

La mochila forma realmente parte de la economía de nuestra comunidad. Es una práctica que debería ser protegida y reconocida. Para nosotros, las mochilas son importantes al igual que otros productos como el café, el cacao o la caña de azúcar. Pero lamentablemente, se les confiere menos valor. Los intermediarios que compran las mochilas quieren pagar de 30.000 a 40.000 pesos por cada una. Pero cuando vas a las ferias o exposiciones, el precio es de 400.000 a 600.000 pesos. La intermediación no es mala de por sí. Pero no debería ser injusta.

A través de Josa Constructoras de Paz, forjamos alianzas y empoderamos a las mujeres para que su trabajo no sea subestimado.

Yoraima Cristina Navarro Izquierdo sentada en el suelo en medio de la selva al lado de otra mujer. Las dos mujeres tejen concentradas. En el suelo entre las dos, una mochila con un diseño original.

Para nosotras, la mochila lleva todos los pensamientos de cada mujer que teje. Captura sus emociones, sus desafíos, sus historias de amor y sus dichas. Representa nuestro legado ancestral. (Colombia, 2025)

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Cuando conocimos el equipo del Programa “La Prestación de Cuidados a través de las Cooperativas” de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), comprendimos que tenían el mismo objetivo de nuestra organización: hacer visible el trabajo que realizan las mujeres en el territorio. Mostraron mucho respeto por la esencia del pueblo Arhuaco y por nuestro ritmo. Fueron necesarios meses de diálogo antes de comprender de qué manera queríamos formar parte del programa a fin de reconocer el trabajo que las mujeres hacen en el ámbito del cuidado.

Nosotros, en calidad de pueblo indígena, no sólo cuidamos de nosotros mismos. Cuidamos todo en nuestra comunidad, desde lo más pequeño hasta lo más grande, desde las piedras hasta los ríos. Sin territorio, sin tierra, no somos nada. Antes de participar en el programa, sabíamos que proveemos cuidados todos los días, pero no nos dábamos cuenta de que estábamos haciendo un trabajo de cuidados.

Nosotros, en calidad de pueblo indígena, no sólo cuidamos de nosotros mismos. Cuidamos todo en nuestro territorio... Antes de participar en el programa, sabíamos que prestamos cuidados todos los días, pero no nos dábamos cuenta de que estábamos haciendo un trabajo de cuidados.

Al principio, el reconocimiento del cuidado que prestamos era un tema difícil en nuestra comunidad. Pero trabajamos juntos con los manos (líderes espirituales) y las autoridades, y ellos pudieron comprender verdaderamente lo que las mujeres queríamos: seguir fortaleciendo el territorio.

Fue importante abordar el tema de la economía del cuidado en la comunidad porque nunca se había discutido antes. Nunca se había hablado de las cinco R del trabajo de cuidados: reconocer, redistribuir, reducir, recompensar y representar. Entonces, después de diversos meses de visitas del equipo de la OIT al territorio, comenzamos a visualizar una manera para aliviar la sobrecarga de trabajo de las mujeres: una casa de cuidados.

Yoraima Cristina Navarro Izquierdo ajusta las correas de la mochila en la coronilla de otra mujer Arhuaco para cargarla.

Cuando una joven mujer indígena comienza a tejer mochilas, puede comprar las primeras telas para coser su vestido tradicional. Además, puede contribuir con el hogar. (Colombia, 2025)

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Al principio, los mamos preguntaban si esta casa de cuidados sería realmente algo bueno para la comunidad. Finalmente, recibimos la luz verde para dos casas pequeñas. Entonces, un día nos dijeron: “Tenemos una sorpresa para ustedes, les daremos un espacio más grande”. Esto significaba que habían entendido que era algo verdaderamente importante porque además contribuiría a fortalecer el territorio.

La casa de cuidados proporcionará servicios para la primera infancia. Las mujeres podrán continuar su formación y estudios profesionales. Podrán asistir a sus citas médicas. Debería servir como un espacio de aprendizaje para las familias de nuestro pueblo.

Y cuando hay reuniones de la comunidad, las mujeres podrán dejar sus hijos en la casa de cuidados. No serán sólo los hombres los que asistan a estas actividades. También las mujeres podrán participar en la toma de decisiones en nuestra comunidad.

Yoraima Cristina Navarro Izquierdo de pie junto a otras cuatro mujeres del territorio Arhuaco. Todas visten de blanco.

El trabajo para que se oiga la voz de las mujeres en el territorio ha valido la pena. Una líder debe ser una persona que ayuda a otras a empoderarse. (Colombia 2025)

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La casa de cuidados estará dirigida por tres personas de nuestra comunidad que han recibido formación en materia de salud en el trabajo, enfermería, manipulación de alimentos y cuidado infantil.

Con ellas, los niños aprenderán las canciones tradicionales en el idioma Iku, de manera que nuestra cultura se mantenga viva. Además, harán comidas complementarias basadas en la dieta de nuestro pueblo: maíz, granos, hortalizas de raíz y todos los otros productos naturales de la dieta Arhuaco.

Sobre todo, queremos que esta casa de cuidados sea un proyecto piloto exitoso para que sea replicado en otras comunidades. Para ayudar a reducir la sobrecarga de trabajo que tienen muchas madres.

Quiero enviar un mensaje a las mujeres: un mensaje de motivación, de solidaridad y de reconocimiento por todo el esfuerzo que han hecho durante décadas.

Hoy día, las 250 mujeres del territorio Arhuaco que forman parte de Josa Constructoras de Paz se sienten mejor capacitadas. Nosotras soñamos que, en el futuro, Josa Constructoras de Paz siga creciendo. Queremos que sea una organización sólida donde el trabajo de las mujeres es valorado y donde las mujeres pueden cambiar sus vidas.

Espero poder alcanzar todos los rincones de la Sierra Nevada de Santa Marta para dar formación incluso en las zonas más remotas de la montaña. Quiero enviar un mensaje a las mujeres: un mensaje de motivación, de solidaridad y de reconocimiento por todo el esfuerzo que han hecho durante décadas.

Niños corren hacia la cámara, ríen y llevan mochila. En segundo plano un edificio verde y árboles.

Los niños serán educados en la naturaleza y cuidados por personas de nuestra comunidad Arhuaco, para perpetuar el legado que recibimos como pueblo indígena. (Colombia 2025)

© ILO/OIT Laly Margarita Malagón

Entrevista en video con Gisela Strand, Agencia Sueca de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Sida)