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Perspectivas sobre el mundo del trabajo
Foto: KB Mpofu
Trabajadores domésticos

Mejorar la vida de los trabajadores domésticos

Mendy Lerato Lusaba, fundadora de la Asociación de Trabajadores del Hogar de Zimbabue y ganadora de la Convocatoria sobre innovación y competencias de la OIT, tiene grandes planes para mejorar la vida de las trabajadoras del hogar en su país.

En la cultura tradicional de Zimbabue, se pone a disposición de las nuevas madres un trabajador doméstico para asistirles en el hogar. De ahí que al tener mi primer hijo mis suegros me facilitaran una asistente. Sólo tenía 16 años. Fue entonces cuando, sin saberlo, comencé a abogar por el trabajo decente.

 Era una joven trabajadora, con experiencia en derecho laboral y gestión de recursos humanos, y sabía que eso era ilegal e improcedente. Así que me propuse cambiar las cosas.

 Ello me llevó tiempo. Al principio, mi objetivo era contratar a mi propia empleada doméstica de forma profesional. Fue muy difícil, puesto que la contratación de menores de edad está muy arraigada culturalmente. Así que decidí crear una agencia de contratación y, al hacerlo, me di cuenta de que la situación era mucho peor de lo que pensaba.

 Constaté que los trabajadores domésticos padecían abusos y sobrecarga de trabajo. Si bien la legislación de Zimbabue ampara a los trabajadores domésticos, hay poca información al respecto.

Constaté que los trabajadores domésticos padecían abusos y sobrecarga de trabajo. Si bien la legislación de Zimbabue ampara a los trabajadores domésticos, hay poca información al respecto.

Mendy Lerato Lusaba

Fundadora, Asociación de Trabajadores del Hogar de Zimbabue

Se trata de un aspecto de la economía, de una parte de la vida cotidiana del país, que no se valoraba lo suficiente, a mi parecer. Cada vez recibía más solicitudes de ayuda en mi agencia de contratación, tanto de trabajadores domésticos como de empleadores.

Tras perder mi trabajo en 2018, decidí hacer otra cosa y puse en marcha oficialmente la Asociación de Trabajadores Domésticos de Zimbabue (DWAZ). Me dije: "Me dejaré llevar por mi pasión. Aunque no gane suficiente dinero, al menos haré lo que me gusta".

Retrato de Mendy Lerato Lusaba

Mendy Lerato Lusaba, fundadora de la Asociación de Trabajadores del Hogar de Zimbabue

© KB Mpofu

Permítanme facilitar algunos datos y cifras sobre el problema que afrontamos. El trabajo doméstico es uno de los oficios más antiguos e importantes en muchos países. Se calcula que hay 63 millones de trabajadores domésticos en todo el mundo, de los que más del 80% son mujeres.

 En el decenio de 1980 se estableció un sistema jurídico de relaciones laborales, y se constituyó el sindicato de trabajadores domésticos ZDAWU (“Zimbabwe Domestic and Allied Workers Union)”, que desde entonces aboga por los derechos de dichos trabajadores, brinda asistencia en materia de contratos de trabajo y realiza labores de supervisión en caso de incumplimiento de lo estipulado en los mismos.

 Pese a esas medidas fundamentales, la situación sobre el terreno sigue siendo difícil. Por ejemplo, en Zimbabue es una práctica habitual contratar a niñas menores de edad como "asistentes" en el hogar a cambio de "cuidados". Si no encuentran trabajo aquí, muchas de ellas se trasladan a otros países, en particular a Sudáfrica y Botsuana, para trabajar como empleadas domésticas, o son víctimas de redes de trata de personas.

En Zimbabue, es una práctica habitual contratar a niñas menores de edad como "asistentes" en el hogar a cambio de "cuidados". Si no encuentran trabajo aquí, muchas de ellas se trasladan a otros países, o son víctimas de redes de trata de personas.

Mendy Lerato Lusaba

Fundadora, Asociación de Trabajadores del Hogar de Zimbabue

En DWAZ consideramos que podemos contribuir a mejorar la calidad de vida de las trabajadoras domésticas. En primer lugar, abordamos las consecuencias psicológicas de su compleja situación laboral, y les ayudamos a mejorar su vida cotidiana. Sentimos la necesidad de apoyar y empoderar a esas trabajadoras, de brindarles nuevas posibilidades de inclusión social y desarrollo profesional, y de demostrarles que no están solas. 

 Mi objetivo es poner en marcha un centro de formación que, en colaboración con otras instituciones que comparten la misma visión, pueda contribuir a alcanzar ese objetivo. Un espacio en el que se imparta formación sobre servicio doméstico, una sala de atención infantil, una piscina, una zona de cuidado de mascotas, una cocina moderna y un jardín, y en el que se abarquen otros aspectos relacionados con la formación de los trabajadores domésticos. Tras ganar la Convocatoria de la OIT sobre Innovación y Competencias, estoy más cerca de alcanzar ese objetivo.

 Deseo que todos los centros de formación profesional de Zimbabue incluyan el trabajo doméstico en sus cursos. La gente debe saber que se puede impartir ese tipo de formación. Un trabajador doméstico calificado puede realizar mejor su trabajo y lograr empleos que ofrezcan mejores condiciones laborales y salariales.

Y si gana más dinero, ese trabajador podrá enviar a sus hijos a mejores escuelas, y comprar medicinas y ropa adecuadas. Al empoderar a los trabajadores domésticos también se ayuda a su familia y a su comunidad.

 Mi visión va más allá de Zimbabue. Los países africanos dependen en gran medida de los trabajadores domésticos y afrontan dificultades análogas. Si dirigimos satisfactoriamente un centro de formación para trabajadores domésticos en Zimbabue, también podemos hacerlo en Sudáfrica, Botsuana o Zambia. Allí donde sea necesario.

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