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Perspectivas sobre el mundo del trabajo
Foto: ILO/OIT Jules Rahman Ong
Economía social y solidaria

Perdimos nuestra selva pero encontramos una manera de sobrevivir

La selva solía ser la fuente de todo para mi pueblo, los Orang Asli. Era como un banco o un supermercado. Nos proveía de todos los alimentos necesarios. Eso fue antes de que los mineros destruyeran la selva. Nos quejamos cuando comenzó la explotación, pero no sabíamos cómo detenerlos.

Somos el pueblo originario de la Malasia peninsular. Nuestra región y nuestra gente son especiales. Tenemos una relación muy cercana con la selva, seguimos el mismo comportamiento que heredamos de nuestros antepasados. La selva es nuestro hogar, en ella crecimos y, tradicionalmente, ha sido nuestra fuente de subsistencia.  

Pedimos a la selva permiso para entrar, así seremos bendecidos y protegidos por cualquiera de las creaturas que la habitan. Cuando visitamos una zona nueva de la selva, nos lavamos la cara con el agua del río más cercano, si no lo hacemos, lloverá según la leyenda.

En el pasado, íbamos donde queríamos. Podíamos construir una casa y vivir allí, y después mudarnos a otra parte. Pero ahora, ya no es como antes. No podemos movernos libremente. Nos está prohibido desplazarnos de un lugar a otro. Las autoridades no lo permiten.

Acostumbraba internarme en el bosque, siguiendo a mi madre, pero ahora las selvas espesas ya no existen. Siento tristeza por los niños de esta generación, porque ellos no podrán experimentar lo que yo viví de niña, antes de que la selva fuese explotada por los mineros.

Nuestra selva ya no existe, tenemos muchos desafíos por delante. Tenemos que estimular a nuestros niños a ir a la escuela y a mezclarse con otros fuera de la comunidad, de manera que puedan sobrevivir y vivir sus vidas en el mundo moderno.

En el pasado, no era un problema si no ibas a la escuela, ahora si no asisten, será difícil para ellos. Como para mí, no fui a la escuela y ahora la vida no es fácil.

Solía trabajar recogiendo minerales en las minas. Después de eso, nos detuvimos a pensar qué otra cosa podíamos hacer para mantenernos, así que fabricamos productos artesanales, como flautas y collares. También sacaba la resina de los árboles de caucho, pero con el clima inestable, era difícil.

Ahora nos ganamos la vida como agricultores orgánicos.

Maimun controla las varas de las plantas de frijol.

Disfruto trabajar en la agricultura orgánica, también porque ayuda a mi comunidad a progresar.

© ILO/OIT Jules Rahman Ong

2018, las personas de la aldea vecina nos presentaron una organización que les había enseñado cómo cultivar vegetales orgánicos. Escuchamos sus ideas y sugerencias y vi cómo habían sembrado muchos vegetales. Estaba interesada y me inscribí en un curso de tres meses sobre cultivo de vegetales orgánicos, todos los días me trasladaba hasta la escuela a la aldea Gumun.

El paso siguiente fue encontrar un terreno donde nuestra aldea se pudiese establecer una huerta comunitaria. Hablé de esta idea con todos los habitantes. Logramos integrar a las personas menos instruidas, como yo, en el proyecto, que estaba abierto a todos los residentes de la aldea.

Ahora dirijo la huerta orgánica de la comunidad de la aldea Melai. Mi función consiste en administrar la huerta con éxito y garantizar que todo salga bien. Disfruto este trabajo, creo que los miembros de la comunidad me eligieron porque me llevo bien con la gente.

Antes, no nos llevábamos tan bien, ni siquiera entre parientes. La agricultura comunitaria orgánica de vegetales nos acercó y además ayudó a las personas de la comunidad a encontrar trabajo. Hoy día, nos reunimos con regularidad para abordar problemas y encontrar soluciones como, por ejemplo, cómo lidiar con insectos molestos. La agricultura orgánica creó un terreno común para cultivar nuestra amistad.

La agricultura comunitaria orgánica de vegetales nos acercó y además ayudó a las personas de la comunidad a encontrar trabajo.

Maimun Directora de la huerta agrícola orgánica comunitaria de la aldea de Melai

Antes de la huerta agrícola, los empleos eran inestables, y teníamos dificultades. Hoy día, como agricultores orgánicos, ya no nos preocupa el futuro. Nuestros ingresos nos permiten mantener a nuestros hijos y pagar los gastos de escolares. 

Con la venta de los vegetales, podemos percibir ingresos de más de 1000 ringgit (222 dólares) cuando el clima es favorable.  Pero con la reciente estación de lluvias, y el clima incierto, nuestros ingresos serán inferiores.

Durante la pandemia de COVID-19, el trabajo en las plantaciones de aceite de palma y en las fábricas de caucho se paralizó, pero no teníamos ninguna dificultad para vender vegetales.

Nuestros vegetales se venden en el supermercado Jaya Grocer. Un camión los transporta a los supermercados.

Una vista aérea de la huerta orgánica comunitaria de la aldea.

Todos los habitantes de la aldea son bienvenidos a trabajar en nuestra huerta orgánica comunitaria.

© ILO/OIT Jules Rahman Ong

Quienes piensan que pueden asumir una carga de trabajo mayor, pueden hacerlo. Tus ingresos son el resultado directo de tus esfuerzos. El ingreso de cada uno corresponde a la parcela de terreno que cultiva.

Para mí, mientras haya interés, todos pueden presentarse y trabajar en la huerta. Por ejemplo, soy mujer, mi esposo está enfermo y no puede realizar trabajos pesados. Aunque nivelar las parcelas, cavar, fertilizar, encauzar los canales sin la ayuda de máquinas parezca un trabajo duro, puedo hacerlo.

Maimun en su casa, sentada con las piernas cruzadas, come el fruto del árbol del pan junto a su esposo y uno de sus hijos adolescentes.

Desde que comencé a trabajar en la agricultura orgánica, mi vida cambió, y ya no tengo que preocuparme por mantener a mis siete hijos.

© ILO/OIT Jules Rahman Ong

Cubrir todos los gastos de la reparación de los equipos y la compra de materiales, como los fertilizantes, es muy costoso.

Pero con la comunidad agrícola, todos contribuimos con un fondo de ahorros. Cada vez que un agricultor vende sus productos, deposita una parte al fondo de ahorros.

Esto ha sido muy útil, por ejemplo, durante las catástrofes naturales, como las inundaciones, que con frecuencia ocurren en noviembre.

Tenía experiencia de trabajar por mi cuenta y cuando la comparo con el trabajo comunitario, veo que es más fácil, la cooperación entre los miembros de la comunidad ayuda a aliviar la carga de trabajo.

Maimun muestra a una mujer más joven cómo cuidar el semillero de vegetales.

Enseñamos a nuestros hijos las nociones de la agricultura orgánica, por lo general cuando regresan a casa de la escuela. Queremos transmitirles los conocimientos sobre cómo establecer una huerta orgánica y despertar su interés.

© ILO/OIT Jules Rahman Ong

La agricultura orgánica no sólo nos da un medio de subsistencia sostenible, también nos ayuda a cuidar el ambiente. No requiere de una parcela de terreno grande, uno o dos acres son suficientes.

Además, no utilizamos productos químicos. Sólo usamos estiércol de pollos o cabras, que la tierra absorbe. Los fertilizantes químicos dañan la tierra.

Nos gustaría promover el concepto de agricultura biológica entre otras comunidades Orang Asli. Nuestro proyecto es tener un espacio donde compartir nuestras experiencias con los amigos y las personas interesaas.

También queremos construir un estanque y una represa para tener una fuente más segura de agua para la huerta. Además hemos pensado que podríamos dedicarnos a la piscicultura.

Maimun comparte sus conocimientos en un espacio de la comunidad. Las personas la escuchan sentadas en una banca y en sillas. Ella escribe en una pizarra.

Parte de mi trabajo consiste en compartir con otras personas el concepto de huerta orgánica comunitaria.

© ILO/OIT Jules Rahman Ong

En este momento, mi esperanza es que mi comunidad continúe avanzando unida, que nadie piense sólo en sí mismo.

También espero que la minería termine, para que podamos preservar lo que queda de la selva. De verdad no sé cómo proteger la selva de los que llegan de afuera. Quizás escribiendo cartas para llamar la atención de los que están en el poder. No recibí una educación y mi escritura es limitada. Son los jóvenes los que tendrán que seguir luchando por nuestros derechos.

Maimun está sentada sobre un tronco junto a una mujer joven y señala el arroyo frente a ellas.

Espero que la próxima generación, una generación que ha sido instruida, pueda defender los derechos del pueblo Orang Asli y ayude a proteger la selva.

© ILO/OIT Jules Rahman Ong

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